En marzo estuvimos en el norte de Bogotá acompañando a los equipos de Puppis Colombia en un espacio que partía de una pregunta muy simple, pero muy real: ¿por qué teniendo buenas ideas y equipos comprometidos, la ejecución no siempre ocurre como debería?
Lo que hicimos no fue una capacitación tradicional. Fue un ejercicio práctico donde los equipos trabajaron juntos, tomaron decisiones y se comunicaron en situaciones muy similares a su día a día. Y ahí fue donde empezaron a aparecer cosas que normalmente no se ven.
En varios momentos se hizo evidente algo que pasa más de lo que creemos, generalmente pensamos que estamos entendiendo lo mismo, pero cada uno está viendo algo distinto. No es que no haya comunicación, es que no siempre hay claridad. Y cuando no hay claridad, la ejecución empieza a perder fuerza.
A lo largo de la experiencia vimos cómo, sin una estructura clara, las ideas se desordenan, aparecen los supuestos y las decisiones se toman sin que todos estén realmente alineados. No es un tema de talento ni de actitud. Es un tema de cómo se construye y se comparte lo que se quiere hacer.
Lo valioso de ese día fue poder hacerlo visible. Porque cuando se hace visible, cambia la conversación. La comunicación deja de ser algo abstracto y empieza a entenderse como algo que impacta directamente lo que pasa en la operación.
También nos llevamos algo importante, los equipos están, participan y tienen la disposición para hacerlo mejor. Y eso no es menor. Eso significa que el punto de partida es bueno.
Nos fuimos con una idea muy clara que aplica no solo para Puppis, sino para muchas organizaciones, el problema no está en la falta de ideas, sino en cómo esas ideas se convierten en acción.
Y en ese camino, la comunicación no es un complemento, es solo el comienzo.