El pasado 18 de marzo estuvimos en la Pontificia Universidad Javeriana en un espacio que giró alrededor de un tema que muchos evitan, pero que todos necesitan tener siempre presente, la venta.
La charla partía de una idea sencilla, pero que incomoda al emprendedor y a la pyme, a la gente no le gusta que le vendan, pero le encanta comprar.
Desde ahí empezamos una conversación que no fue técnica ni cargada de teoría, sino directa y aterrizada a la realidad. Porque más allá de metodologías o discursos, lo que queríamos poner sobre la mesa era algo concreto, si no hay ventas, no hay negocio.
A lo largo del espacio fuimos desmontando varias ideas que suelen estar muy instaladas, especialmente en entornos académicos y de innovación. La principal, que vender es algo secundario o incluso incómodo. Y la realidad es otra, muchas iniciativas se quedan en ideas interesantes, pero no logran convertirse en resultados porque nunca pasan por el proceso de validar si alguien realmente las compraría.
También hablamos de algo que suele olvidarse. Las decisiones de compra no son completamente racionales. Son rápidas, intuitivas y profundamente humanas.
Y entender eso cambia completamente la forma en que se piensa cualquier producto, servicio o propuesta.
Más que enseñar a vender, lo que hicimos fue ordenar el proceso. Darle una lógica a algo que muchas veces se hace por intuición, entender a quién le estamos hablando, qué valor estamos construyendo y cómo llevamos esa conversación hasta una decisión real.
La conversación fue muy abierta. Se cuestionaron varias ideas, se conectaron conceptos y, sobre todo, se aterrizó la venta a algo mucho más cercano, una conversación bien hecha que termina en una acción concreta.
Nos fuimos con una sensación clara. No se trata de volvernos “vendedores”, sino de entender que cualquier idea, proyecto o innovación necesita validarse en el mercado.